(Fragmento)

Alquilar la casa de la esquina resultó un negocio fácil.  Solo tenía que atravesar la calle para llegar a mi negocio, unos cuantos pasos y a trabajar. No me fío de presagios ni de agüeros pero una voz interior me decía que todo iba por buen camino. Mi preocupación inicial parecía superada.

Era una construcción de los años treinta, con ínfulas de estilo inglés, ladrillo a la vista, techo a dos aguas, muy inclinado, como para que rodara la nieve que nunca llegaría a  este rincón de la zona tórrida. Pero era agradable. La rodeaba una verja de baja altura, también en ladrillo, interrumpida por una pequeña reja que daba paso al jardín exterior. La puerta principal era simple, con un alero sin arrogancia de donde colgaba una lámpara trasnochada, ya sin fuerzas para alumbrar.

En la planta baja, un cuadrado mínimo que servía de hall de entrada, con un par de espejos que confundían al visitante y lo empujaban rápidamente al salón principal. Allí, una mezcla irritante de estilos, de la que nada se salvaba. Una chimenea mal ubicada, llena de cenizas que se resistían a desaparecer y, sobre ella, un mercado de cuadros baratos, de pintores que no se atrevieron a firmar sus obras.

Decir que en el comedor reinaba la ordinariez, era ser demasiado benévolo con ese antro descuidado, mal ventilado y con escasas posibilidades de redención. Pero no desentonaba con el resto de mi nueva morada.

En la segunda planta, a la que se llegaba por una escalera que jadeaba por rutina, tres habitaciones iguales, dos de ellas con grandes ventanales hacia la Avenida de los Sietecueros, la tercera con la vista enfocada al ocaso,  que poco se podía disfrutar en una ciudad tan lluviosa.

Hubiera preferido un piso de parqué, bien encerado y libre de mugre, en lugar de  esos tapetes sin color definido, aplastados y sin una sola hebra limpia.

No me referiré al patio trasero o jardín interior porque su tamaño no resistiría ninguna de estas definiciones. Sin ninguna utilidad salvo la de servirle de refugio  a Cantor, un gozque cariñoso, único confidente de mis pesquisas.

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